LA VIRTUD DE LA DULZURA

 LA DULZURA. Suavidad, placidez y ternura que muestra o expresa una persona o cosa y que la hace agradable. Proverbios 16: 24. Dice. Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos.

“La virtud de la dulzura impone que se domine la vivacidad del propio carácter, reprimir todo movimiento de impaciencia y prohibir a la propia lengua pronunciar una sola palabra ofensiva para la persona con la cual se trata. La dulzura se fundamenta en la bondad del corazón que derrama sobre nuestras acciones una hermosura delicada.

Aristóteles dijo. Digamos ante todo que la dulzura es un medio entre el arrebato, que conduce siempre a la cólera, y la impasibilidad que no puede nunca llegar a sentirla. El hombre irascible es el que se irrita contra todo el mundo, en todo caso y más allá de los límites debidos. Es una disposición muy reprensible, porque no conviene irritarse contra todo el mundo, ni por todas las cosas, ni de todas maneras, siempre; lo mismo que no conviene tampoco no irritarse jamás, por ningún motivo, ni contra nadie. Este exceso de impasibilidad es tan reprensible como el otro. Pero si uno se hace reprensible por incurrir en exceso o en defecto, el que sabe permanecer en el verdadero medio es a la vez dulce y digno de alabanza. No es posible aprobar el carácter del que experimenta muy vivamente el sentimiento de la cólera, ni el del que apenas lo siente; pero se llama verdaderamente dulce al que sabe mantenerse en lo justo entre estos dos extremos. Así pues, la dulzura es el medio entre las pasiones que acabamos de describir.

Proverbios 13: 19. De la versión. La Biblia de las Américas. Dice el deseo cumplido es dulzura para el alma. Digamos pues que. La realización de nuestros objetivos produce una alegría profunda que satisface nuestro corazón y nos llena de gozo. Esta sensación es especialmente poderosa cuando se trata de una aspiración largamente acariciada. A menudo, nuestras aspiraciones personales pueden parecer insípidas o incluso egoístas. Sin embargo, no hay nada de malo en querer algo con todo nuestro corazón. De hecho, es un impulso natural que Dios nos ha dado para motivarnos y hacernos más fuertes. La satisfacción de alcanzar nuestros objetivos es una expresión de la creatividad y la realización personal que nos permite vivir la vida de la manera que queremos. Por otra parte, la insatisfacción en nuestros objetivos, nos vuelve personas amargadas e insensibles, que es todo lo contrario a lo que debemos anhelar ser. Lo imposible es ser tanto dulce como amargo al mismo tiempo, tales actitudes no pueden coincidir en un mismo ser, puesto que la una va a abolir a la otra irremediablemente.

Santiago 3: 11. Pregunta ¿Acaso una fuente por la misma abertura echa agua dulce y amarga? No sabemos que, esto es imposible. Un sabor va a contaminar al otro y no se podrá distinguir ni el dulce ni el amargo, y un termino medio es desagradable al paladar. Igualmente, en nuestro corazón, si dejamos reinar la dulzura, esta no dejara lugar para el surgimiento y mucho menos crecimiento de raíces de amargura. Procuremos en todo ser agradables, ósea dulces en todos nuestros actos.

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