“Hospitalidad” se traduce del griego filoxenía, que literalmente significa “amor a los extraños”. En latín, hospitare significa "recibir como invitado".
La
hospitalidad es la amabilidad y atención con que una persona recibe y acoge a
los visitantes o extranjeros en su casa o en su tierra. Como podemos ver esto
se trata de algunas virtudes enlazadas, en la biblia tenemos ejemplos de
personas que fueron exquisitamente amables con sus invitados, como fue el caso
de Abraham, que les ofrecía exquisitos banquetes, Lot, que se expuso a deshonrar
a sus hijas, con la intención de mantener la integridad de sus visitantes. Y
que decir de aquel anciano forastero que dio alojamiento al levita que iba con
su concubina en tierras de los benjamitas. Sé bienvenido. Yo me haré cargo de
todo lo que necesites. No voy a permitir que pases la noche en la plaza. Fueron
las palabras de este en Jueces 19: 20.
Luego en el
nuevo testamento vemos atenciones como el lavar los pies de los invitados, que
adquiría mas que el rango de un agrado o amabilidad, una obligación que debía
cumplirse, el señor Jesús le reprocha a Simón. Entré en tu casa, y no me diste agua para mis
pies; más esta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus
cabellos. No me diste beso; más esta, desde que entré, no ha cesado de besar
mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; más esta ha ungido con perfume mis
pies. Esto en Lucas 7: 44 – 46. Que sería de nosotros si nuestros
invitados tuvieran el valor, de mencionar aquellas cosas que no les hemos
ofrecido, o en todo lo que no hemos sido amables con ellos.
A todos nos
gusta ser bien atendidos y recibidos cuando estamos de visita, pero que hay de
lo que hacemos con nuestros invitados, la virtud de la hospitalidad, el valor
de ser hospitalarios se ha ido perdiendo un poco por la comodidad y
accesibilidad tanto de distancia como de precios que ofrecen los hoteles en
nuestras ciudades, cuando uno decide por un hotel en lugar de la casa de un
amigo, suele decir, para no molestar, pues bien, es tiempo de volver a aquellas
finas atenciones que caracterizaron a la gente del pasado. Es tiempo de hacer
efectiva, la frase mi casa es tu casa. Recordemos que somos administradores,
mayordomos del señor, él nos ha dado bienes para que podamos hacer uso de ellos
de la mejor manera, que puede ser mejor que ser amables con nuestros amigos,
ofreciéndoles todos los cuidados que un extranjero se merece, al fin de cuentas
todos somos peregrinos en este mundo.
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