LA VIRTUD DEL DENUEDO. 

El denuedo es el valor, energía y decisión con que se ejecuta una acción. En el Nuevo Testamento, se suele usar este término para hacer referencia a las cosas que se expresan con total franqueza y claridad, como cuando Jesús les reveló a los discípulos que lo condenarían a muerte. Aquello que se realiza con denuedo se lleva a cabo con brío. Distinto es el caso de un acto desarrollado de manera desganada o apática. Por lo general actuar con denuedo incrementa las posibilidades de alcanzar el objetivo buscado, aunque el carácter tampoco garantiza el éxito.

Algunos de los sinónimos de este término, que pueden ayudarnos a entender su significado y sus matices en mayor profundidad, son los siguientes: «audacia, intrepidez, decisión, valor, valentía, ánimo, arrojo, esfuerzo, atrevimiento, osadía, gallardía» y «resolución». Es sólo con una actitud de este tipo que podemos salir adelante en los momentos más difíciles, resurgir de los pozos más profundos y continuar andando, contra todos los pronósticos negativos. Una persona que actúa con denuedo, por lo tanto, puede representar un gran ejemplo para quienes la observan, una fuente de inspiración para alcanzar sus metas. Sobra decir que moverse por la vida de forma cobarde, indecisa o desanimada no nos conduce a nada bueno, sino que aumenta de manera exponencial nuestras probabilidades de fracasar.

Para el cristiano, el término denuedo tiene una gran importancia, ya que se lo suele asociar al apóstol Pablo, quien en 2 de Corintios 4: 13 dijo «Creí, por lo cual hablé». A la hora de predicar la palabra de Dios, son necesarias la convicción y la autoridad, pero también la osadía, el valor, la confianza en uno mismo, todos rasgos que se asocian al concepto de denuedo.  Pero no se preocupen amados hermanos que esto no debe surgir del ser humano como un conjuro. Filipenses 2: 13. Dice. Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Por supuesto que podemos actuar con denuedo porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1: 7. Así que hagamos de esta maravillosa virtud una característica en nuestra vida. Bendiciones.

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